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Cartas desde Ningún Lugar

Reflexiones, textos y artículos de Arzakon (Albert Gallego)

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En defensa de la ciencia ficción

Publicado el 3/10/2006 por Albert Gallego

Recupero del cajón de los recuerdos algo que escribí hace un tiempo para colgarlo en asterisco. Este articulo defiende la lectura de la ciencia ficción como una herramienta para el estudio del ser humano. Cambiaría alguna cosa, y podría alguna que otra referencia más, pero lo dejo tal y como está y añado algún enlace para que se entiendan las referéncias.


En defensa de la ciencia ficción

La ciencia ficción como estudio del ser humano


Casi me sabe mal escribir esto, pero lo veo necesario. Ojalá no lo fuera. Pero es necesario para armarme de argumentos para la próxima vez que me digan despectivamente… “¿y tú lees esto?” Además, me haría inmensamente feliz que alguien pudiera aprovechar un producto de mi mente. Me haría sentir más… filósofo.

La ciencia ficción me sirve para comprobar como se comportaría el ser humano en determinado ambiente, artificial, sí, pero lógico en su situación.

El humano en ciencia ficción es poco más que una rata de laboratorio que reacciona a los estímulos que el autor usa para crear su ambiente fantástico.

He visto como reaccionan los seres humanos al desmembramiento de un Imperio. He visto como reaccionan delante de un fatus inevitable (que técnico queda emplear palabras en latín, oye!). He visto como un puñado de adolescentes se convierten en guerrilleros, intentando conservar cierta cordura.

Uno pensaría que para ver como se hunden imperios y resurgen otros de sus propias cenizas no hace falta ir a Fundación, de Asimov. Que para eso pueden servir las novelas históricas ambientadas en la crisis del Imperio Romano y el apogeo del cristianismo, por ejemplo. Lamento contradecir esa premisa. No me sirve algo que hable de una situación en concreto, ya sucedida. No me sirve algo que hable de tal situación Histórica, porque eso solo refleja aquella situación concreta. Podríamos hablar de la situación del Imperio Romano en los siglos III y IV dC, y lo que les lleva a su completa desintegración; pero no sabríamos qué elementos eran indispensables. Sabremos que sucedió, pero no que hubiera podido suceder, o que no hacia falta que sucediera. Sabremos de aquella situación, pero no del hecho genérico de la muerte de un imperio.

La ciencia ficción despoja el concepto de toda interferencia histórica. Coge el tema “Imperio en decadencia” y crea un nuevo Imperio para experimentar. En este Imperio ficticio se pueden llevar a cabo los experimentos que se quieran, para ver como reacciona y que es lo que le hace caer. En un Imperio histórico nos encontramos un problema: estamos encorsetados en lo que pasó en aquel determinado ambiente, en aquella determinada época y con aquellos determinados dirigentes.

También esto me vale cuando se habla de otros temas, no solo el de la “Caída de un Imperio”. La figura del Mesías, por ejemplo, está tan bien explicada en Dune e Hijos de Dune como en cualquier otro lugar, con una pequeña ventaja. En Dune no hablan ni de Mahoma, ni de Jesús, ni de Moisés, ni de ningún otro Mesías conocido históricamente, por lo que no necesariamente se encasilla en lo que es representativo de estos. Se pueden descubrir cosas respeto a un concepto aportando nuevos contenidos a este concepto.

También se tratan en Dune otros temas, no menos importantes: el devenir del tiempo, la drogodependencia, la ecología, la tradición, la falta de recursos, el honor y el clásico poder huir del propio destino. Son problemas que cualquier filósofo se rebanaría los sesos intentando desentrañar sus problemáticas, y aquí se ven todas ellas aplicadas, en un universo coherente y digno de ser estudiado, pues es necesariamente distinto a todos los casos que se pudieran dar espontáneamente en nuestro tiempo y realidad.

El concepto de humano es, asimismo, forzado hasta límites insospechados. ¿Que nos hace ser humanos? Si para responder esta pregunta trabajamos exclusivamente con “seres humanos”, nos encontramos sin material para comparar. Podremos comparar al Ser Humano con el Ser Animal, e incluso con el Ser Vegetal, pero siempre nos quedará la duda. ¿Seriamos humanos si nos comportásemos como animales de una manera natural? ¿Somos humanos porque razonamos? Así… si la evolución hace que llegue el día en que los primates superiores razonen… ¿que nos diferenciará de ellos? La ciencia ficción se avanza a ese problema.

¿Es humano Tobias? ¿Podemos decir que un halcón con mentalidad humana es estrictamente un animal? ¿Es humano Leto II Atreides? ¿O es algo más? ¿Qué hace distintos de los humanos a los cimeks?

¿Que hubiera pasado si el problema del nazismo hubiera tenido, además, un respaldo científico objetivo? Tenemos la respuesta en Marvel: Los mutantes sí son una raza superior a la –solamente- humana. Pero… ¿seguro que los mutantes son superiores a los humanos? ¿No son simplemente humanos “mejorados”?

Que es mejor… ¿La libertad o la felicidad? ¿Cuál de estas dos cosas nos caracteriza como seres humanos? Huxley conocía el problema más que cualquier moralista. Juzgad vosotros mismos. Quien diga que lo que caracteriza al ser humano es buscar conscientemente la felicidad, no conoce Un mundo feliz.

Con todo esto no quiero decir que la ciencia ficción resuelve todos estos enigmas… todo lo contrario. La ciencia ficción aporta nuevo material para que nos reformulemos estos problemas e intentemos solucionarlos desde una perspectiva diferente. Nos aporta nuevos datos y ocasionalmente nos plantea problemáticas que de otra forma no nos plantearíamos.

Además… La ciencia ficción me sirve para leer, no solo para estudiar el concepto Hombre. ¿Para que voy a leer algo llanamente dramático, si puedo leer algo dramático que sucede muy lejos en el espacio y en el tiempo? La lectura es una manera, según mi punto de vista, de romper las últimas barreras de la imaginación. Más allá de lo que tú creías que te podías imaginar, existe un planeta llamado ArrakisTérminus… un hombre llamado John Anderton o una caja azul llamada escafil.

Que el Ellimista nos empare y que Shai-Hulud se apiade de nuestras almas…


Enero 2005

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